Daniel Parra, se embarca en un proyecto para pintar la batalla de Trafalgar.

Daniel Parra, se embarca en un proyecto para pintar la batalla de Trafalgar.

Todo comenzó hace un año, al salir de ARCO. Después de visitar la feria, el artista Daniel Parra (Córdoba, 1980) se dirigía hacia otra cita y pasó por delante del Museo Naval. Decidió echar un vistazo. Algo ocurrió aquella tarde que le ha llevado a embarcarse -nunca mejor dicho- en un proyecto inédito para los pintores de su generación. La historia le atrapó. Al día siguiente ya estaba leyendo «Cabo Trafalgar», la novela de Arturo Pérez-Reverte. «Primero fue Gravina. Me impactó ver sus pertenencias en el Museo. Me di cuenta del peso moral de su difícil decisión de entrar en batalla…» Después continuó. Se hizo muchas preguntas. Y fue respondiendo poco a poco a algunas.

La mesa de trabajo en la que estudia la personalidad de los protagonistas de la batalla

En el estudio de Daniel Parra, en el pueblo malagueño de Colmenar, hay una mesa de trabajo que parece el «facebook» de Trafalgar.Retratos a carbón de los protagonistas, que estudia psicológicamente, para llevarlos a gran formato. A su vez, en las paredes y sobre los caballetes se amontonan cuadros y bocetos de una exposición que comenzará con 20 obras en abril pero que él quiere llevar a una gran dimensión más adelante. Ha estudiado la personalidad de cada uno de ellos, y puede atraparla en cada dibujo, después de compartir con ellos tantas horas: la perspicacia y dignidad de Alcalá Galiano, la desdeñosa oscuridad de Villeneuve, la bravura y la belleza de Churruca, la amarga lucidez de Gravina… Dentro del artista hay también una batalla.

Daniel Parra, en plena creación

Hablamos de talento, el de hoy y el de entonces. Cómo servir a la idea de pintar una secuencia sobre lo que ocurrió a los mejores capitanes de mar y guerra de nuestra historia, científicos y cosmógrafos con una vida intensa. ¿Cómo utilizar un lenguaje actual? Hablamos de la plana mayor de la más honrosa fuerza naval española que fue destruida por la infausta temeridad de Villeneuve, el vicealmirante francés. Él sabía que Napoleón le iba a relevar y decidió entablar batalla por motivos personales, llevando a cinco mil marinos a la muerte y a la flota combinada al desastre.

Todos estos rostros guardan secretos que fueron arrastrados a la tumba aquel 21 de octubre de 1805. Quien los escruta es el artista, que ha buscado el asesoramiento del arqueólogo malagueño Javier Noriega. Él ha entablado una interlocución -«me ha envenenado con este tema»- y ha estructurado el proyecto desde el corpus documental de la batalla, obra de Juan Ignacio González-Aller, además de los estudios de Hugo O’Donnell, Agustín Rodríguez González y también la investigación de Carlota Pérez-Reverte sobre los uniformes. Y ha dado lugar a un diálogo sin fin que va ya para un año.

En este estudio de pintor hay una emoción multiplicada. Toda la sala parece una cubierta disparando imágenes por todos los costados. Le vemos pintar con gestos rápidos sobre la tabla y sobre la banda sonora de Vaugham Williams, Bach y Boccherini (la de «Master & Commander»), mientras uno observa a su alrededor cómo se eleva el Santísima Trinidad, el Escorial de los mares, más grande navío de línea de la historia, en el astillero de La Habana; o asiste a una recluta de pescadores gaditanos a los que visitan , apenas sombras, los oficiales de la Armada, porque estaban en el rol; y también ve a los espías ingleses cerca de la intendencia de la Armada en Cádiz, coscándose de cómo estaba todo, la pólvora regular, las dotaciones mal, los navíos no muy bien…

Seguir leyendo la noticia aquí

Reportaje: Jesús Calero García

Fotos: Francis Silva

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies